Retrato de joven mujer sentada en el escritorio de oficina en casa delante del ordenador portátil habiendo recibido la noticia de una mala traducción, la cabeza con la expresión facial cansada de tocar, tiene dolor de cabeza, está estresada

¿Cuánto cuesta una mala traducción?

Casi todos los compradores de servicios de traducción se enfrentan a las mismas dudas a la hora de encargar un proyecto de traducción. Y los dos factores principales, indefectiblemente, son el precio del servicio y el tiempo de entrega. Sin embargo, todos nosotros hemos utilizado servicios online de traducción que resultan enormemente tentadores por su inmediatez y que de modo gratuito nos permiten obtener un texto traducido inmediatamente. Y estamos dispuestos a sacrificar en parte algo indefinido como es la calidad de la traducción porque lo que verdaderamente deseamos es el acceso inmediato a la información. Queremos saber qué dice un texto. Pero una cosa es discernir lo que dice un texto en árabe, en ruso, chino o alemán que no entendemos y otra creer que ese mismo servicio nos servirá para publicar algo decente en esos idiomas. Si se ha preguntado alguna vez cuánto cuesta una mala traducción, se lo podemos aclarar ahora mismo: el mayor de los ridículos, cuando no el coste de volver a encargar la traducción para hacerla bien, las demoras, etc. Mantener el equilibrio entre los tres vértices de ese triángulo es la clave de no terminar con una mala traducción de un texto que no puede leer y cuyos defectos le llegan de boca de terceros: usuarios, clientes, lectores…. Satisfacer cada uno de estos ángulos es el secreto del éxito para nosotros. Y en Pangeanic sabemos que la traducción automática es muy útil. Hemos desarrollado nuestra propia tecnología de traducción automática y participado en proyectos europeos de investigación y desarrollo como el Proyecto EXPERT, además de otros desarrollos de gestión eficiente de las traducciones en España. En Pangeanic trabajamos para que el precio, el tiempo y la calidad sean siempre las que usted anticipaba, sin sorpresas. triángulo con la palabra calidad en la parte superior y plazo y precio abajo Existe un viejo refrán en la industria de la traducción, llamémosle un chiste de traductores.

 El placer de ahorrarse unos céntimos desaparece muy rápidamente cuando la vergüenza de haber publicado una mala traducción se hace real definitivamente.

Cuando un cliente o revisor de textos percibe que el texto recibido es una mala traducción”, ello suele ser debido a

  • Una falta de comprensión del texto original por parte del traductor;
  • Una falta de revisión del trabajo (como sucede en tantas otras profesiones) y que provoca errores en la comunicación entre el autor del texto y el receptor;
  • Haber contratado un servicio de traducción fijándonos únicamente en la parte baja del triángulo de la ilustración. Es decir, para ya de inicio decidimos que para nosotros, como compradores de traducción, lo que más nos importaba era el costo y no aproximarnos a la calidad óptima (no necesariamente mucho más cara);

Hallar errores en un trabajo de traducción siempre duele. Nos hayamos ante opiniones sobre un texto escrito que en un gran número de ocasiones no entendemos. Sobreviene la frustración, es un trago amargo y vergonzoso. Además, esta situación se empeora si la traducción ya se ha enviado a imprenta, o se ha pagado por un servicio de impresión. Peor incluso, puede haber sido publicada en una web.

Las necesidades de muchas empresas requieren de traducciones inmediatas. Para algunos casos, cuando los contenidos no son de alto valor (únicamente de consulta), la traducción automática sirve perfectamente. Por ejemplo, en el caso de las traducciones de comentarios en el sector turístico, hotelero y de reservas por internet. Pero estos servicios que prometen traducciones de forma instantánea con calidad humana únicamente pueden valerse de herramientas de traducción automática generalistas. Sin un traductor que lea el resultado y posedite el texto, el texto resultante siempre será de modo muy obvio y tosco, el producto de un software lejos de la cadencia y coherencia con la nos expresamos las personas para comunicarnos. Solo basta copiar y pegar un texto de un periódico extranjero para darnos cuanta de que los traductores generalistas como Google Translate o Bing Translator nos pueden ayudar para salir del paso, pero si el texto en cuestión tiene un cierto estilo o tiene la intención de despertar ciertos sentimientos o pasiones en el público (para que compren, se interesen por nuestros servicios, para explicar lo que hacemos, para un informe o reporte serio, por ejemplo), son inservibles.

Por estos motivos es muy necesario evaluar no solo el presupuesto con el que contamos para contratar un servicio de traducción, sino también el tiempo y plazo que dejamos al traductor para hacer bien su trabajo y las condiciones en las cuales se va a realizar el proyecto. Todo ello incidirá e impactará muy directamente sobre la calidad de la traducción. Por ejemplo, no todos los compradores de traducción son consciente de que es esencial una revisión por parte de un lingüista o traductor distinto a aquel que hizo la traducción. Este aspecto es muy importante. No solo cuatro ojos ven más que dos, sino que siempre es más fácil encontrar errores en versiones de otras personas que cuando leemos críticamente nuestro propio trabajo.

El placer de ahorrarse unos céntimos desaparece muy rápidamente cuando la vergüenza de haber publicado una mala traducción se hace real definitivamente.

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